Por qué tratar a tus clientes como si fueran tus hijos

  • septiembre 9, 2019
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El profesor Robert Peterson de la Universidad de Texas descubrió que un 85 % de los clientes que manifiestan su “satisfacción” nos cambiaría por uno de nuestros competidores.


Sin embargo, cuando los clientes hablan de nosotros con palabras cariñosas o con connotaciones emocionales sus hábitos de compra son muy diferentes a los que únicamente están satisfechos con nosotros.


La gran mayoría de las veces que nosotros, como hijos, hablamos de nuestros padres lo hacemos con cariño, con agradecimiento, con emoción, con delicadeza. Sin ni siquiera plantearnos la posibilidad de querer cambiarlos por otros. El amor, el trato excelente que de ellos hemos recibido, es insustituible.


Con estas premisas hemos ideado la Metodología TEDE, con la que ayudamos a las empresas a tratar a sus clientes con la excelencia en el trato que merecen, para fidelizarles y aumentar así las ventas.

TEDE significa:
1. Tenerles presentes
2. Estar con ellos
3. Darles lo que necesitan y
4. Escucharles siempre


Si tienes la gran suerte de ser padre o madre te resultará sencillo entender esta metodología, y si no, también, porque reconocerás en ella parte de lo que has recibido de tus padres.


1. Tenerles presentes


Tenemos múltiples compromisos laborales y personales que hacen que no estemos con nuestros hijos tanto tiempo como querríamos, pero en cualquier momento, en cualquier situación, pensamos en ellos.


Pensamos en ellos, los tenemos presentes constantemente y constantemente nos asaltan ideas que creemos que les gustarán o les pueden venir bien para una u otra cosa.


Ahora plantéate: ¿y mis clientes?, ¿pienso en ellos sólo cuando entran en mi negocio o les tengo presentes en el día a día? Si sistematizas sus posibles necesidades y dedicas un tiempo a pensar en ellos, se te ocurrirán detalles que aumentarán tu propuesta de valor para tus clientes.


2. Estar con ellos


Buscamos estar con nuestros hijos. Disfrutar de ellos, realizando actividades que llenen sus corazones de buenos recuerdos, porque queremos verlos felices. Cuando nos vemos nos damos un beso, un abrazo, una sonrisa, muestras de cariño que expresan nuestra emoción por el encuentro.


Gustamos de su compañía y con educada y adecuada naturalidad les enseñamos lo poco o mucho que buenamente sabemos.


¿Muestras tu alegría al encontrarte con tu cliente? ¿Disfrutamos de «actividades conjuntas» o sólo estamos con ellos cuando les estamos intentando vender? ¿Se siente tu cliente reconocido?, ¿valorado? Cuando cometes un error –que todos los cometemos-, ¿eres honrado y sabes adelantarte y pedir perdón?


3. Darles lo que necesitan


La relación paterno-filial se basa en la donación; en todo momento damos a nuestros hijos: tiempo, información, educación, hábitos, conocimiento, salud, alimentación, alegrías, tristezas… Como decía San Agustín: “Quien tiene caridad en su corazón, siempre encuentra alguna cosa para dar”.


¿Te has preguntado qué les puedes dar a tus clientes, además de lo que ya les vendes? ¿Qué tienes de valor para ellos que estés dispuesto a regalarles? ¿Qué valor añadido te diferencia de tus competidores?


4. Escucharles siempre


La comunicación siempre es difícil, es el gran problema de las personas. Con tus hijos tienes la suerte de poder escucharles casi en cualquier momento. Somos dos los actores y sólo depende de nosotros que fluya el imprescindible y enriquecedor diálogo.


En la empresa, los actores son múltiples: propietarios, directivos, personal de primera línea, proveedores… Y clientes. Como en cualquier otra relación, también aquí es necesario el esfuerzo conjunto para conseguir el diálogo.


Esto, en el mundo empresarial, se traduce en que todos los actores de la empresa deben alinearse para escuchar al cliente. No olvides que este cliente tiene la competencia a un click y la fuerza de Internet para sentirse escuchado.


Sistematiza los medios para poder escuchar siempre al cliente antes, durante y después de su compra y garantiza que el cliente se siente escuchado, pero sin sentirse incómodo u observado.


Todos nosotros nos movemos y competimos en un mercado globalizado. Debemos marcar la diferencia y podemos conseguirlo ofreciendo a nuestros clientes una relación excelente. La Excelencia en el Trato es el elemento diferenciador que nos permitirá sobrevivir a medio y largo plazo.

Si no tienes clientes a los que servir, puedes cambiar el término y leer pareja, hijo, amigo… También a ti estos cuatro puntos -tenerlos presentes, estar con ellos, darles lo que necesitan y escucharlos siempre- te ayudarán a impulsar su felicidad y, en consecuencia, la tuya.


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